PONIENDO A ISAAC SOBRE LA PILA DE LEÑA
«Y dijo Dios: toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.» Génesis 22:2
Todo el mundo conoce la historia de la tentación de Abraham. El punto importante consiste en caer en la cuenta de que éste no es meramente un incidente que aconteció hace miles de años, sino que le pasa a todo aquél que holla el sendero espiritual en todas las eras hasta el día de hoy.
A Abraham se le requería que sacrificara lo que más amaba sobre la tierra, su único hijo, el niño que había recibido por cuenta de un milagro. No había ningún otro sacrificio concebible que le pudiera causar tanta angustia, y no hay duda de que, a lo interno, experimentó una pugna terrible antes de decidir qué hacer. Sin embargo, ganó la contienda, y cuando hubo superado sus miedos y dudas mediante la fe, resultó que, después de todo, no tenía que llevar a cabo el susodicho sacrificio. Por el contrario, un ángel le habló y se le otorgó una bendición extraordinaria que nunca hubiera esperado. «Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar.-» Esto se refiere a futuras demostraciones o respuestas a la oración, y a un crecimiento rápido en entendimiento espiritual.
La premisa anterior resuelve en una afirmación aún más imponente: «-y tu descendencia poseerá las puertas de tus enemigos.» Debes saber que, en la Biblia, los "enemigos" son siempre nuestros temores y dudas, nuestros problemas y dificultades. La "puerta" era el lugar más importante en las ciudades del mundo antiguo. La puerta era por donde naturalmente los enemigos habrían de atacar, y quienquiera que estuviera en posesión de la puerta controlaría la ciudad; y es así como puedes ver cuán importante es esta promesa para la ciudad que es tu alma.
El relato dice que Dios tentó a Abraham. Por supuesto que esto se dice en sentido figurado. Fue el mismo Abraham quien tuvo que probar su propia fe.
Si estás en el sendero espiritual, puede que tengas algo en particular que te esté impidiendo demostrar y superarte. Podrá ser lo que sea, ya que no hay dos personas que tengan exactamente las mismas debilidades, pero sea lo que fuere, tienes que aflojarlo y dejarlo ir. Cueste lo que cueste, tienes que dejarlo ir. Sólo así podrás probar tu propia fe, y entonces encontrarás que no es ningún gran sacrificio que digamos (por más que lo hubiera parecido), sino que es apenas el preludio a un gran triunfo.
Vuelve a leer Génesis 22:1-18
Tomado del Libro:
"Reclama lo Tuyo"
de Emmet Fox