En los claustros góticos de la Universidad de la Sorbona, fue elevándose, en el transcurso del siglo XIII, la teología escolástica, como una esbelta arquitectura. Las antiguas investigaciones de Aristóteles , pasando por las manos de Averroes, habían llegado a las húmedas márgenes del río Sena. Los pensadores de la Sorbona llegaron a las raíces del hombre. Se preguntaron cuál era la esencia fundamental de la persona, y dijeron que la persona es un ser que piensa y subsiste por sí mismo. ¡Una definición estática! Por aquellos mismos días, a esa misma pregunta, Escoto respondió que la persona es la última soledad del ser. Es una definición dinámica y existencial. A eso, hoy día lo llamamos experiencia de la identidad personal.
Cualquiera de nosotros, si hacemos una zambullida en nuestras aguas interiores, vamos a experimentar que, bajando en círculos concéntricos, llegaremos a un algo por lo que somos diferentes a todos y nos hace ser idénticos a nosotros mismos. Por ejemplo, si observamos a un agonizante, percibiremos que el tal agonizante es, en su intimidad, un ser absolutamente solitario: por muchos familiares que estén a su derredor, nadie está "con" él, en su intimidad; nadie lo acompaña en su travesía desde la vida hacia la muerte. El agonizante experimenta dramáticamente el misterio del hombre, que significa ser soledad, el hecho de estar ahí, arrojado a la existencia, y el hecho de tener que salir de la vida contra su voluntad, y no poder hacer nada para evitar eso. Experimenta la invalidez o indigencia, en el sentido de que él está rodeado de todos los seres queridos, y ninguno de ellos puede llegar hasta aquella soledad final, ni tampoco pueden llagar hasta allá las lágrimas, el cariño, las palabras y la presencia de sus familiares. Está solo. Es soledad.
Si estás triturado por un disgusto enorme, ¿de qué te sirven las palabras de tus amigos? Vas a sentir que eres tú mismo, y sólo tú, quien tendrá que cargar con el peso del disgusto. Hasta aquella soledad final no llegarán las palabras ni los consuelos.
Existe, pues, en la constitución misma del hombre, sepultado entre las fibras más remotas de su personalidad (¿cómo llamarlo?: ¿un lugar?, ¿un "espacio" de soledad?), un algo por el que somos -repito- diferentes unos de otros, un algo por lo que soy idéntico a mí mismo. Al final, ¿quién soy?: una realidad diferente y diferenciada. Y así quedo frente a mi propio misterio, algo que nunca cambia y siempre permanece. Por ejemplo, me enceñan una fotografía mía, de cuando tenía 5 años, y ahora tengo, vamos a suponer, 50 años. Comparo mi figura con aquella figura de cinco años, y digo:¡qué fisonomía tan diferente! Dentro de la permanente renovación biológica de aquel cuerpo de cinco años, no queda en mí ni una célula. Sin embargo, aquél (de cinco años) soy yo. Y yo soy aquél. A morfologías tan diferentes se aplica el mismo yo. La identidad personal sobrevive a todos los cambios, hasta la muerte, y más allá. ¡Mi propio misterio!
Quien no sabe decir "yo", nunca sabrá decir "tú". Perdonar a los demás es relativamente fácil. Perdonarse a sí mismo es mucho más difícil.
Es imposible descubrir y aceptar el misterio del hermano, si antes no se ha descubierto y aceptado el misterio de uno mismo. Los que siempre se mueven en la superficie, jamás sospecharán los prodigios que se esconden en las raíces. Cuanta más exterioridad, menos persona. Cuanta más interioridad, más persona.
Yo soy yo mismo. En esto consiste y aquí está el origen de toda la sabiduría: en saber que sabemos, en pensar que pensamos, en captarnos simultáneamente como sujeto y objeto de nuestra experiencia.
No se trata de hacer una reflexión autoanalítica, ni de pensar o pesar mi capacidad intelectual, mi estructura temperamental, mis posibilidades y limitaciones. Eso sería como partir la conciencia en dos mitades: una que observa y otra que es observada.
Cuando nosotros entendemos, siempre hay un alguien que piensa y un algo sobre lo que se extiende la acción pensante. El sujeto se proyecta sobre el objeto. Pero en nuestro caso presente sucede otra cosa: el sujeto y el objeto se identifican. Es algo simple y posesivo. Yo soy el que percibo, y lo percibido soy yo mismo también. Es un desdoblarse de la conciencia sobre sí misma. Yo soy yo mismo.
Para comprender bien lo que estamos diciendo, se han de eliminar ciertos verbos como entender, pensar... Y debemos quedarnos con el verbo percibir, porque de eso se trata precisamente: de la percepción de sí mismo. Tampoco podemos hablar de idea sino de impresión. ¿Cómo es eso? ¿De qué se trata? Se trata de una impresión, en la que y por la que yo me poseo a mí mismo. La persona queda, concentradamente, consigo misma, en un acto simple y autoposesivo, sin reflexión ni análisis, como quien queda paralizado en sí mismo y consigo mismo. A pesar de que todo esto, explicado así, se parece al egoísmo, no tiene nada que ver con él, antes bien es todo lo contrario, como se verá en el contexto de estos artículos.
Al conseguir la percepción de sí mismo, me quedo como dominado por la sensación de que yo soy diferente a todos los demás. Y, al mismo tiempo, me experimento así como un circuito cerrado, con una viva evidencia de que la conciencia de mí mismo jamás se repetirá. Soy, pues, alguien singular, absoluto e inédito. ¡Hemos tocado el misterio del hombre!
Cuando nosotros decimos el pronombre personal "yo", pronunciamos la palabra más sagrada del mundo, después de la palabra Dios. Nadie, en la historia del mundo, se experimentará como yo. Y yo nunca me experimentaré como los demás. Yo soy uno y único. Los demás, por su parte, son asimismo únicos. Nosotros podemos tener hijos. Al tenerlos, nos reproducimos en la especie. Pero no podemos reproducirnos en nuestra individualidad. No puedo repetirme a mí mismo en los hijos.
El hombre es, pues, esencial y prioritariamente soledad, en el sentido de que yo me siento como único, inédito e irrepetible, en el sentido de mi singularidad, de mi mismidad. Sólo yo mismo, y sólo una vez.
Buber dice estas palabras:
<Cada una de las personas que vienen a este mundo constituye algo nuevo, algo que nunca había existido antes. Cada hombre tiene el deber de saber que no ha habido nunca nadie igual a él en el mundo, ya que si hubiera habido otro como él, no habría sido necesario que naciese. Cada hombre es un ser nuevo en el mundo, llamado a realizar su particularidad.>
Pongamos una comparación: un botánico es a un poeta lo que un meditador a un adorador.
Un botánico toma una flor como objeto de estudio. Después, con un bisturí, la divide en forma ordenada, en varias partes, y las coloca, tambien ordenadamente, sobre la mesa del laboratorio. Coge el microscopio, a continuación, y entiende la flor de manera analítica, como un instrumento, pero él mismo está lejos de la flor. Un poeta, sin embargo no toma la flor, es tomado por la flor. Seducido y sacado de sí mismo, entiende la flor "vivencialmente", maravillado y agradecido, casi identificado con ella, no por partes, sino como un todo.
El meditador, así como el teólogo, toma a Dios o, mejor dicho, toma los conceptos sobre Dios, y a Éste más bien como objeto de estudio. Luego distingue esos conceptos y los divide, los coordina, saca las conclusiones y las aplica a la vida. Entiende a Dios, pues, analiticamente, mediante su inteligencia. Podría decirse que está, en cierto sentido lejos de Dios. El adorador, en cambio, no toma a Dios, es tomado por Dios. Es un hombre eminentemente seducido; entiende a Dios viviéndolo, no de un modo analítico, no mediante la inteligencia, sino llegando los dos a una alta unión con caraterísticas vitales como la admiración y la gratitud, no por partes, sino en una globalidad posesiva. Por ejemplo: bendice alma mía, al Señor. Dios mío, ¡Qué grande eres! o: Señor, Señor, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra. Aquí existe un acto de admiración, acto admirativo y posesivo.
La meditación no es oración, aunque sí camino de oración. En una oración de intercesión entran todos: hermanos de la iglesia, pastores, sacerdotes, el pueblo, los enfermos, etc. En una oración de alabanza entra también todo el mundo: hasta las personas, las criaturas, etc. Pero en una adoración, sin embargo, desaparece todo y sólo quedamos Él y yo; si no quedamos a solas, no habrá encuentro verdadero. Podrías estar entre cinco mil personas, donde todos oran y aclaman, pero si, en última instancia, no quedas a solas con tu Dios, no habrá encuentro real con el señor.
Hay que empezar por decir que todo encuentro es intimidad , y toda intimidad es recinto cerrado. Las grandes decisiones se toman a solas, se muere a solas, se sufre a solas... La esencia del hombre es ser soledad y, después, ser relación. Soledad quiere decir "yo solo y sólo una vez". Ahora bien, si el hombre es soledad, Dios es súper soledad; si el hombre es misterio (es decir, experiencia inédita, incomunicable, irrepetible), Dios es súper misterio.
Me adelanto, pues, a decir que el encuentro será la convergencia de dos soledades o interioridades. Este es el gran desafío a la hora de la adoración: ¿de qué manera, despojado de nerviosismos y tenciones, puedo llegar al mismisimo Dios, sobrepasando el bosque de imagenes y conceptos sobre Él?
Yo digo: esta melodía, no sé porqué maravillosos resortes, despiertan en mí a mi Dios. Si, con gran concentración, consigo quedarme con el mismísimo Dios, desapareserá la música, aunque siga sonando en mis oidos.
Dios está más allá de las criaturas, no por la distancia, sino porque Él es algo distinto a la evocación; es decir, al aparecer el evocado, desaparece la evocación.
Sumergido en la naturaleza, esta variedad de vidas, colores y formas despierta en mí la Presencia vibrante y amante de Dios. Pero, si establezco una comunicación de atención total, quedándome a solas con Él, desaparecen las montañas, los ríos, los bosques... aunque sigan brillando al sol. En cuanto aparecen los despertados, desaparecen los despertadores. Él mismo no es la imagen con la que lo revestimos y representamos.
¿Cómo se puede llegar a la soledad de Dios?, ¿Cómo nos quedamos con Él mismo en la presencia simple y pura?
Revestimos a Dios con imágenes y formas conceptuales, pero Él mismo es algo distinto a los revestimientos. Bueno será subir a Dios por sus criaturas, pero los profetas provienen de los desiertos, allá donde en la monotonía implacable emerge Dios en su soledad, en su sustancia ineludible, en su Persona inalienable. En el jardín o en el campo, mil reflejos distraen, los sentidos se entretienen y el alma se conforma con destellos de Dios; sólo en la fe pura y en naturaleza desnuda, refulge la Presencia absoluta.
Es posible apagar la sed en las aguas frescas del torrente, pero el origen de las aguas está arriba, en el glacial de las nieves eternas. El alma, seducida por Dios, no se conforma con un mensajero, con corrientes de aguas frescas. Suspira por la fuente misma, por el glaciar.
Decimos: no vestigios de Dios ni formas de Dios, sino Dios mismo.
Jesús le dijo a la samaritana: Mujer, vosotros los samaritanos decís que es en la cumbre del monte Garicín que se debe adorar al Padre; los judíos replican que es en el templo de Jerusalén. Yo te digo: ni aquí ni allí, en otro templo, mujer. Dios es Espíritu, y es necesario de quienes lo adoran lo hagan en espíritu y verdad.
Es esta clase de adoradores la que el Padre necesita y espera. Como si agregara: mujer, tú no eres espíritu pero tienes espíritu, plasmada a imagen y semejanza divina. Si Dios es espíritu y tú tienes espirítu, el verdadero lugar del encuentro con el Padre es en el templo del espíritu y la verdad. Juan 4:21-25
Ahora bien, ¿Qué significa espíritu y verdad? Como ya he dicho, Dios es solo, el hombre es solo. Avancemos hacia la convergencia de esas dos soledades.
Tomado del Libro "Dios Adentro" de Ignacio Larrañaga
Tiempo fuerte es la hora de Dios, es
el evento más importante del día. Podrá consistir de treinta minutos o más,
acorde con la necesidad del individuo, pero no debería ser menos de esto sí es
que toma tu vida espiritual en serio.
La hora de Dios es
el momento en que lees la Biblia u otros libros espirituales, y meditas, y
oras.
El secreto
práctico de la salud, la felicidad y el crecimiento espiritual constante, es
hacer de la hora de Dios lo principal, es decir, el evento más importante en tu
día. Que sea el eje central –como quien dice- alrededor del cual gira el resto
de las actividades. Que se descuide o se posponga todo lo demás, si el no
hacerlo entraña que se descuide la hora de Dios. Que se cancele cualquier otro
compromiso a favor de éste. Que cualquier otro trabajo se quede sin hacer, no
éste.
No es necesario
que la hora de Dios se lleve a cabo a la misma hora todos los días, aunque
sería provechoso si así se hiciera. Lo esencial es que la hora de Dios sea el
evento más importante en las veinticuatro horas, y que todo lo demás le sea
secundario.
Cuentan que a un pueblo lejano, un día llegó un hombre ya bien anciano.
Dicen que era sabio.
Unos jóvenes universitarios decidieron probarlo. Fueron hasta él y le preguntaron:
"Si eres un sabio, entonces dinos quien es la mejor persona de este pueblo."
Al día siguiente, se posicionó en una calle donde se dice que todos los ciudadanos pasaban continuamente.
Colocó un cartel que decía
"NECESITO ALGO DE USTED. POR FAVOR, DONEME ALGUNA COSA."
La gran mayoría le dio dinero.
Pero, cada vez que le daban dinero, él lo arrojaba a otro mendigo que se encontraba a su lado.
La gente se sorprendió con su actitud.
Al día siguiente, de nuevo estaba él con el mismo cartel.
Esta vez, muy pocos le dieron dinero - que fue debidamente arrojado al otro mendigo - pero le trajeron comida, de la mejor y de la peor.
Nuevamente, el sabio dio toda la comida recibida a otros mendigos cercanos y, al llegar la hora del almuerzo, comió de su propia comida.
Nadie entendió que quería realmente el sabio.
Llegó el tercer día, estaba él con el mismo cartel pero esta vez le dieron menos dinero que el día anterior y muy pocos le dieron comida y la que recibió él la distribuyó con los otros mendigos del lugar, pero, un hombre apareció se acercó al sabio, le preguntó cómo estaba, le sonrió, conversó un rato con él y después se retiró .
Cuando el hombre se fue, el sabio se movió y abandonó el lugar.
Dos días después, los jóvenes preguntaron sobre lo que había sucedido.
"Mis jóvenes, la realidad es que tanto el dinero como la comida que me dieron no tenían nada de especial. Simplemente cumplían con su deber, por tener algo, dando a los que no tienen. Sin embargo, la persona que se acercó, me sonrió y conversó conmigo es la mejor de todas, porque me dio la riqueza de la vida y la comida del alma.
"Siempre que busquen a alguien bueno, verifiquen que, junto con cualquier cosa material, esa persona de algo de si misma."
MEDITACIÓN
Dios es tanto Sabiduría como Amor, y cuanta más Sabiduría alcancéis, mejor podréis manifestar a Dios. Estudiad, pues; más, en primer lugar, estudiad lo que os ayude a ayudar a los otros. Estudiad pacientemente, no porque los hombres os llamen sabios, ni aún por tener la dicha de serlo, sino porque tan sólo el sabio puede ayudar sabiamente. Por mucho que deseéis ayudar, si sois ignorante, podréis hacer más mal que bien.
Debéis distinguir no tan sólo entre lo útil y lo inútil, sino entre lo más útil y lo menos útil. Alimentar a un pobre es bueno, útil y noble; pero alimentar su alma es todavia más noble y más util que alimentar su cuerpo. Cualquier rico puede alimentar el cuerpo de un necesitado, pero tan sólo los sabios pueden alimentar su alma. Si sois sabios, vuestro deber es ayudar a otros en el logro de la sabiduría.
Un día, un becerro atravesó un bosque virgen para volver a su pastura. Como era un animal y no podía darse cuenta, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas para llegar donde quería. Al día siguiente, un perro usó ese mismo sendero para atravesar el bosque.
Después fue el turno de un carnero, jefe de un rebaño, que viendo el camino marcado hizo a sus compañeros seguir por allí. Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha y a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa. Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos, si no hubieran seguido el sendero abierto por el becerro.
Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal del poblado y, finalmente, en la avenida principal de la ciudad. Todos se quejaban del trayecto porque peor no podía ser.
Mientras tanto, el sabio bosque se reía, al ver que los humanos tienen la tendencia a seguir ciegamente los caminos que ya han sido abiertos, sin cuestionarse nunca si esa es la mejor elección.
Por tommy5020 - 30 de Diciembre, 2007, 19:02, Categoría: General
Es una ley espiritual inquebrantable que aquello que entiendas lo expresarás... o poseerás... o experimentarás; y esta ley no tiene excepciones.
Esta ley opera automáticamente, y no requiere asistencia de parte tuya. Por otra parte, tampoco podrías prevenir o impedir su acción por más que quisieras.
Tan pronto como obtienes una clara comprensión de la Verdad Espiritual acerca de alguna condición u objeto deseable, ésta automáticamente aparecerá en tu vida. Naturalmente, la verás venir a través de los canales normales, o a través de una cadena normal de circunstancias; pero esos canales no se hubieran abierto y las circunstancias necesarias no hubieran ocurrido si no hubieras alcanzado tu comprensión.
Sea cual fuere el problema, su solución no puede tomar más que el tiempo que se requiere para entender la Verdad al respecto del mismo.
En el Viejo Testamento, a la gente se le decía que podía reclamar toda tierra que ocupara o sobre la cual hubiera "puesto el pie." En la Biblia, la "tierra" siempre denota manifestación, y espiritualmente el "pie" simboliza el entendimiento, y en sicología, concentración.
El entendimiento necesario, por supuesto, se obtendrá mediante la oración y la meditación -el monte sagrado.
Por tommy5020 - 30 de Diciembre, 2007, 18:20, Categoría: General
En tu verdadera naturaleza, eres un ser Divino y eres uno con Dios -ahora mismo.
La Ley del Ser es la armonía perfecta e ininterrumpible.
No puedes saber nada ni experimentar nada excepto tus propios estados mentales; y a estos los puedes cambiar mediante un esfuerzo inteligente y persistente.
Cualquier acción o evento no es más que la sombra que un pensamiento produce.
El Amor Divino es todopoderoso, y las condiciones no lo limitan.
No pretendemos no estar enfermos cuando lo estamos; lo que decimos es que la inarmonía es insustancial. Es una sombra pasajera que el pensar equivocado proyecta, el cual puede ser eliminado por el pensamiento correcto.
El secreto de la felicidad y armonía es la Paz Mental -y no hay otro. Encuentras Paz Mental cuando haces las paces con Dios.
Siempre es un error forzar lo que sea. Lo correcto se da sin violencia.
Esto también pasará. Nada en el mundo material dura ni tiene una importancia trascendental.
Definitivamente no hay apuro.
Como son tus pensamientos, así serán tus días.
.
"Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida." (Pro 4:23)
Por tommy5020 - 30 de Diciembre, 2007, 18:03, Categoría: General
De tiempo en tiempo me ha llegado gente que decía: "Tengo mucho entusiasmo en cuanto a la Enseñanza, pero parece como que no me salen las demostraciones." Por supuesto que la mayoría de esta gente está demostrando todo el tiempo. Están demostrando de acuerdo con sus convicciones internas. Este es un punto muy sutil, porque externamente podrán desear algo en particular, pero internamente abrigan el temor de demostrarlo.
Un hombre que yo conocía no dejaba de buscar trabajo. Necesitaba trabajar pero no podía demostrar un empleo. No fue hasta la segunda vez que visitó mi oficina que me confió que cuando iba a una entrevista con un prospecto de empleador, aunque necesitaba el trabajo, bajo la superficie temía que el otro hombre fuera a decir que sí.
Otro caso que me viene a la memoria es el de una cantante que audicionaba constantemente y quería cantar, pero que a lo interno... ¡temía ser aceptada!
Constantemente estamos balanceando nuestros deseos "externos" con nuestros pensamientos y sentimientos negativos internos, teniendo como consecuencia que no demostramos las cosas que nos gustaría tener.
Es sólo cuando liberas tu mente de estos sentimientos negativos que comenzarás a demostrar todo aquello que realmente deseas. No permitas que ningún "diablillo" te cancele los tratamientos.
«No temeré mal alguno porque tú estarás conmigo.» Salmo 23:4
Por tommy5020 - 30 de Diciembre, 2007, 17:51, Categoría: General
Un problema no es una barrera. Es un reto.
La apariencia de un problema cualquiera en tu vida denota que ha llegado el momento de dar un paso adelante; y la señal de que el paso se ha dado, por supuesto, será que el problema se resuelve.
El verdadero paso hacia adelante siempre es un paso mental. El único progreso verdadero que realizamos es progreso mental. Todo estará listo si nuestra mente lo está, y esto quiere decir que el progreso no es más que un cambio de manera de pensar. El universo está siempre listo cuandoquiera nosotros estemos listos también.
El hombre descubrió el fuego como respuesta al reto del frío. Si el mundo en su totalidad hubiera sido tropical, probablemente no se hubiera descubierto.
El hombre descubrió la música como respuesta a un deseo de tener una expresión emocional más alta. Diseñó herramientas para superar los múltiples problemas prácticos de la vida diaria. El teléfono, el automóvil y el aeroplano en verdad no son más que respuestas (parciales) a los problemas del tiempo y del espacio. La imprenta es la respuesta a otro problema.
En tu vida personal, un problema es un reto. No es una barrera que lee: "No pasarás". Es un problema - y todo problema tiene una solución.
Encuentra la solución mediante la Oración Científica. De esta manera, tus problemas serán solucionados, y mentalmente habrás dado un paso definitivo hacia adelante que te acompañará durante toda la eternidad.